Necesito hacerme fuerte. Aunque sepa que lo soy, podría decir que necesito poner en práctica esa fortaleza y salir de ésta. Yo soy la que ya has visto. Ya está, no hay más. Necesito dejar de construirme para ti. Necesito dejar de hacerte a mi medida.
Hace un tiempo decidí hacerme responsable, ser coherente y sincera conmigo misma y con los demás. Hace tiempo decidí que toda mi vida estaba atravesada por lo político y, por lo tanto, debía tomar partido, actuar en consecuencia.
Y que la vida tenga el sabor que se merece, o que al menos sepa a algo.
Aunque aún no sepa muy bien cómo se hace.
Hoy sé que no se trata sólo de creer en algo y repetírtelo hasta cansarte de tu propia voz. No se trata de chillarlo, de pronunciarlo bajito, de susurrarlo. Se trata de llevarlo a la práctica en todos los sentidos y con todos los sentidos, siendo responsable de las consecuencias, asumiendo apuestas y derrotas, sabiendo que perdiendo también se aprende.
Hoy digo adiós a mi inocencia autocomplaciente, a mi reflejo de niñita callada y sonriente, a mis ojos brillantes, a mi caminar de puntillas para no molestar. Hoy me digo la verdad para convencerme, una vez más.
Hoy apuesto por una vida sin miedos ni muros ni silencios que no dicen nada.
Y, dentro de poco, en el momento preciso -cuando sepa cómo-, poder contarte este cuento dónde la princesita decidió dejar de esperar a un príncipe confundido que no veía más allá de su ombligo. Decidió desesperarse.
Y así fue como ella se lanzó desde la torre de su castillo de arena, sin medir la altura ni echar la vista atrás.
Y así fue como ella, armándose de palabras y asumiendo dolores venideros, emprendió el camino para construir otros días posibles, otros mañanas donde el amor fuera algo que se pudiera tocar, donde hubiera infinitas maneras de decir te quiero pero, sobre todo, donde la verdad estuviera por delante de cualquier temor al otro. Que el miedo acorta la vida...o la hace insoportable.
(Ah, y lo más importante...sabía que al vacío no se lanzaba sola)
Me duele en el alma matarte. Pero no hay otra, mi amor. Y cuando digo mi amor me refiero exactamente a eso. No a ti, sino a mi manera de quererte.
