Me aterroriza escucharos. Me aterroriza lo que hacéis con nosotras, cómo nos aplastáis sin ningún remordimiento, fácilmente, sin mucho esfuerzo. Me aterroriza ver cómo rompéis lo único que para mi tiene algún sentido, si es que algo lo tiene. Me aterroriza sentir cómo nos abocáis al odio más inmenso y a la rabia perpetua, por si al final no nos quedara nada más que eso.
Me aterrorizan los barrotes y las rejas. Dentro y fuera; Dentro y fuera.
Grito, pero ya nadie oye. Acorraladas, encerradas, perseguidas. Dentro y fuera. Dentro y fuera, derrotadas. Vencidas, mientras preparáis nuevas maneras de sepultarnos, mientras vendéis al mundo vuestra paz de obediencia ciega y muda, vuestra normalidad de vidas de miseria, vuestra violencia salvajemente asimilada. Cada vez, los muros más altos.
No sé si voy a poder. Hoy que miré a mi alrededor y vi sólo sufrimiento, ahora que nos robaron la sonrisa, ahora que nos quitaron la esperanza a la fuerza. Me duelen las horas inciertas, los ojos sin brillo, los días que pasan sin saber hasta cuando. Me duele nuestro llanto de impotencia, esa voz entrecortada, nuestro rostro cansado. Me duele no poder darnos ni una bocanada de alivio, ni una respuesta adecuada. Sólo abrazos que, por momentos, despistan la angustia.
Abrazos que despistan, lo único que puedo darte ahora.
Y me pregunto si puedo no poder. Si el simple hecho de pensar en huir me convierte en alguien horrible. Si el pánico a poder ser la siguiente me hace despreciable.
Pero sí, me iría lejos para poder pensar cómo, con la calma necesaria, sin la urgencia del momento. Para darme un tiempo y encontrar las fuerzas ahora exhaustas, la alegría que creía haber ligado a mi nombre. Y poder desgranar esta mezcla de sensaciones encontradas, para que vuelvan las certezas.
Mirar hacia adelante...y sentir algo más que este dolor que ahora lo ocupa absolutamente todo.
Saber que podemos vencerlo confiando en que, a pesar de todo, merece la pena.
Lo sé, merece la pena. Pero quiero sentirlo de nuevo, que vuelva a formar parte de mi sin espacio para la duda, como antes, como siempre. Sin espacio para el miedo.
Que nadie se quede en el camino.