"El pájaro cautivo no sólo ha perdido la conciencia de que la jaula es una jaula, sino también de que él es un pájaro"

miércoles, 23 de mayo de 2012

Vías de escape


Aprendí a reinventar la ciudad cada vez que salía a la calle. Así que miraba hacia arriba y observaba buhardillas, vigas de madera, pequeñas terrazas dónde tumbarnos las noches de verano, patios traseros, olores de ropa tendida, tentadoras casitas de nadie, bares donde buscarte. Inventando nuevas historias resistí tantas y tantas veces a la necesidad de marcharme, aunque también me fuera de tanto en tanto. 
Porque aprendí a escapar quedándome, a huir sin irme.

Una ciudad ficticia, sólo para mi y a veces para algún amigo no sé si afortunado. Dónde la cuadrícula se convertía en laberinto. Dónde encontrar regalos insólitos en aceras y esquinas. Dónde imaginarme otras formas posibles, vidas entre otras paredes, dónde soñarnos distinto.

Quizá esta vez necesite irme haciendo la maleta. Dejar de sentirme sola entre la multitud para sentir otra soledad que quizás no duela tanto, que no sea tan absurda. Pero no sé a dónde. No sé a dónde. 




Porque seguramente, esté dónde esté, alce la vista y, creyendo mirar a través de ventanas nuevas, continúe imaginando lo que sucede al otro lado de los cristales. 

Y, una vez más, no importa dónde, seguiré reinventando realidades. 






jueves, 10 de mayo de 2012

Un día, una noche


Nos miramos y entendimos. Me vi en tus ojos, no sé si tu en los míos, me pareció que sí. Nos reconocimos y, esa vez, por extraño que parezca, decidí no marcharme, no buscar excusas, no inventar mil maneras de escapar. Así que me lancé blindándome de mañanas y de pasados que vuelven, de inseguridades e incertezas. Me instalé en el instante, en el momento. Aquí y ahora.

Ahora que regresa la noche recuerdo tus latidos. Y tu voz suave, tus manos delicadas. Y el descubrirte poco a poco y el exponerme a pasitos cortos. Venciendo al miedo. Con la sensación de que a menudo doblabas las mismas esquinas unos segundos antes, que pisabas las mismas calles pero la casualidad había prohibido encuentros fortuitos.



Hoy ya te fuiste. Pero ahí sigues. En mi tacto y en el aroma de la almohada. En el edredón de flores, en la habitación amarilla, en los libros que ya habíamos leído, en la ventana que da al patio. 
Ya te fuiste. Pero aquí estás. Y alargo el brazo por si te encontrara, perdido entre las sábanas revueltas.

Te fuiste, pero estás. Ahora que cae la noche. Ahora que el lápiz se desliza por el papel en blanco. Ahora que cierro los ojos para olvidarme del mundo. Estás. 

Aunque espero que no vuelvas.