Hoy me invito a convencerme. Bueno, hace ya días que me invito sin convencerme de verdad, sin creer que quiero y debo hacerlo. Sobretodo debo, porque ya es necesidad.
Hoy me invito (aunque sea mentira) y me convenzo. Estoy anclada y no sé hacia dónde voy. Lo mismo significabas alguna certeza en medio de este mar de dudas, y de ahí el no dejarte pasar, de ahí este amarrarme con garra. Lo mismo significabas algo bello en medio del sin sentido, y de ahí que cada día nos diera una nueva oportunidad, o me diera la oportunidad de seguir inventándote. Inventándome.
Hoy me convenzo, que ya me invité hace tiempo. Aunque sienta lo contrario. Y porque empiezas a quitarme el hambre y el sueño, por eso debo añadirte a la lista de batallas perdidas. Por miedo, sí, quizás.
Hoy me convenzo porque me venciste ya hace tiempo pero no me creí perdida, y ya no sé en qué lugar ponerte, de qué manera pronunciar tu nombre. Que suene a hueco, que no me lleve a pensarte.
En realidad me invito a olvidarte (y me convenzo, y me convenzo), pero con el deseo de acabar encontrando a alguien que me recuerde a ti. Con el deseo de volver a pronunciar te conozco mucho antes de haberte conocido.
Pues allá voy...de nuevo a buscarte en otros nombres. Y me convenzo. O eso espero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario