"El pájaro cautivo no sólo ha perdido la conciencia de que la jaula es una jaula, sino también de que él es un pájaro"

martes, 29 de noviembre de 2011

Desprendimientos

Saber desprenderse de las cosas. Dejar que se vaya aquello que llenaba el vacío, así, libremente, sin drama ni nostalgia, aceptando el dolor que viene seguro, convencida de que es mejor así. Tarde o temprano pasará.

Saber desprenderse. Saberse segura para andar sola, para un adiós de esos que significan hasta nunca...y dejar volar lo que pensábamos que nos pertenecía, lo que nos era propio, común y compartido. Y cómodo. Y conocido. Sobretodo eso.

Saber desprenderse, dejar ir, desapegarse, aceptar despedidas inevitables, un tiempo de frío. Sin sentir ausencias de otros cuando en realidad son carencias de una misma. Alejando esas malditas dependencias que confunden querer con necesidad, amor con pánico a la soledad. Aunque una parte de nosotras se vaya para siempre.

Saber desprenderse. Y luego, curarse las heridas. Poco a poco, seguir andando, porque a eso estamos. Y huir de lugares comunes, destruirlos. Seguir y, quizás, volver a caer en lo mismo. O lograr el vuelo sin los pesos que nos arrastran al fondo. Sentirse fuerte.

Saber desprenderse para aprenderse de nuevo. O desaprenderse.
Para ser capaz de liberar. Y liberarse.




(Para M. y para mi misma, porque ya logré desaprender pero a veces no me acuerdo)

jueves, 24 de noviembre de 2011

Lo que no compra el dinero

Miro a mi padre atentamente, en silencio, mientras come y casi se ahoga engullendo, ansioso como siempre, su tiempo corre más rápido que el de los otros mortales. Dibujo una sonrisa en la boca. Luego miro el plato de pasta que me ha preparado para comer. Pasta blanca, sin nada, sólo con aceite, así está muy buena, me dice él. Carcajadas.



Nació en plena posguerra, cuando la gente volvió a morir de tuberculosis, cuando el silencio era obligatorio, cuando la derrota era más presente que nunca y la muerte estaba en todas partes. Escaparon del pueblo poco después de terminar la guerra, la ciudad como escondite perfecto, laberinto de oportunidades.
Y la iaia se perdía por las calles porque no sabía leer los carteles; y nos llevaron a Misiones; y la cuna de tu tío Juan era una caja de tomates; y en la barraca había goteras; y un techo de cartón-cuero; y que vienen los picos; y para Navidad me regalaron una naranja; y empecé a trabajar con catorce años; y no tengo el graduado escolar; y retablo y policromía en la Massana; y el piso de la Vía Trajana tenía aluminosis; y 13 personas en 30 metros cuadrados; y el iaio era paleta y se cayó de un andamio; y estudia para tener un futuro; y te canto una de Víctor Jara; y Batallones Disciplinarios; y pantalones de campana; y fotos de París; y fotos en Roma; y si te esfuerzas lo consigues; y quien no llora no mama; y quien algo quiere, algo le cuesta...
y trabajo, trabajo, trabajo, trabajo, trabajo...

Historias fascinantes para una niña preguntona, cuentos que no podían ser verdad para una infancia cómoda y segura, como si aquellos tiempos no hubieran existido nunca, contados con una sonrisa y con mucha dignidad, como diciéndome que no fue para tanto y así no agrietar mi mundo de color de rosa. Disimulando la miseria, el hambre, el frío.
Con la edad, rabia. Poco a poco entendiendo que su pasado no fue cosa del destino y que, por lo tanto, mis días tampoco. Y así decidí estudiar historia, para encontrar versiones menos dulces y poder tomar partido, para encontrar motivos suficientes y de sobra y sentirme heredera de las que, como mi padre, nunca tuvieron nada, de los que perdieron y ganaron batallas plantando cara; situando el conflicto en el centro de mi vida, en mi modo de entender la realidad, en mi motor para cambiarla; y trazando una línea gruesa para situarme en un lado de la trinchera y señalar al enemigo. Y recuperar el terreno perdido. Y ganar, aunque fuera sólo una pequeña victoria, para poder ver la cara de aquellos que nunca perdieron.




Cuando me marcho a mi casa siempre le doy un abrazo. Él sigue dándome todo aquello que no pudo tener y diciéndome que ha decidido vivir hasta los 120 años, calculando que así va a poder sobrevivirnos y asegurarse de que no nos falte nada.
Y, al final, la pregunta de rigor...te falta algo? Y, sin coger los 50 euros de su mano, me marcho pensando que tengo tanta suerte que, a veces, me siento idiota.
Cuando alguien te lo daría todo y mucho más, incondicionalmente, te invade una tranquilidad difícil de explicar.
Y puedo llenar el pecho de aire.




miércoles, 23 de noviembre de 2011

Humedad



¿Os he dicho alguna vez que odio el otoño?
Amo todos sus colores, que vienen de repente a pintar nuevos paisajes, pero te pillan así, tan desprevenida y con tanta ansia...


Porque aunque éste se presente caliente y hoy decida darnos una tregua de luz yo me pierdo entre la vorágine de hojas desparramadas por el suelo, en ese manto que lo único que desprende es frío. Y nostalgia de tiempos mejores mientras me envuelvo con mi manta marrón, cuando era más fácil decir te quiero y susurrar al oído, acurrucarse en compañía.


Hoy ha llegado mi otoño. Nostalgia de primaveras.
Y aquí estamos, intentando encontrar algo dónde agarrarnos, algo que no esté mojado.
Porque a las penas, puñaladas...como diría mi padre...y en eso ando.
En eso ando.

martes, 22 de noviembre de 2011

Escuchas y otros misterios

Ayer me di cuenta de que llevo un tiempo hablando hacia dentro, gritando hacia dentro. Me di cuenta, sí, robando horas al descanso, alargando un lunes interminable más allá de sus fronteras. Hoy pago las consecuencias, llego tarde.

Las palabras siempre me han costado, sobretodo las que deben ser dichas en voz alta, aquellas que te comprometen ante otras miradas. Pero, de tanto callar, ya nadie me escucha, porque son muchas las que han perdido la facultad de mantener la boca cerrada y observar pacientemente, con los oídos bien abiertos, con los ojos despiertos y la piel preparada, las manos tendidas, puños cerrados.

Estuve callada, sí. Observando ojos ensangrentados o hinchados por lágrimas que nunca salieron, que se enquistaron o brotaron inesperadamente; entendiendo gestos que hablan por si solos, muecas, ruidos informes, sonrisas desdibujadas; oliendo pieles en cada abrazo, impregnándome de salivas y sudores; sintiendo latidos, escuchando por los poros.

A los charlatanes con prisa, a los de verborrea incontrolada, a los que desoyen sin ojos y sin caricias que les ericen el vello. Les diré que me he cansado de la lluvia constante de estos últimos días, que ahora empiezo a encontrar palabras con sentido que puedan ser dichas, porque las he estado aprendiendo. Me las repetiré un tiempo más para estar segura, pero las tengo.

Estuve callada, sí. Entregándome a la escucha. Y a sus múltiples formas. Y comprendiendo, comprendiendo...y sólo así puedo empezar a decir...


domingo, 20 de noviembre de 2011

Salvándome...

Y ahora me gustaría irme para poder olvidarme y volver a ser la de hace un tiempo. No hace mucho. Huir o escapar (no sé si es lo mismo...).
Y ahora querría que un fuerte vendaval me sacudiera y me borrara la memoria. No sufrir nada más que amnesia, encefalograma plano, para que mi pensamiento no volviera siempre sobre lo mismo, como una obsesión que se repite y se repite. Bucles cotidianos.
Que mi imaginación me diera una tregua, para no seguir con mis castillos en el aire, de esos que acaban siendo de arena y se deshacen, aunque una insista en seguir viéndolos de pie, echándoles gotitas de agua para que resistan.
Que ya no pudiera sentir nada, para no creerte tan cercano, tan parecido, tan mío sin serlo...
Y yo sin querer saber nada sobre pertenencias.
Y yo con este miedo que todo lo arrasa, que me hace pequeña, que me deja sin palabras y me hace otra.


Y hoy no soy valiente y decido retirarme a tiempo, porque fuera llueve.
Y me vuelvo a mi caparazón particular donde todo es más sencillo, escondiendo bien la cabeza para no sentir mi desnudez en medio de la intemperie, para no sentir el frío.
Y lo mismo es mejor que te busque por calles que nunca pisé, para ver si así consigo inventar algo distinto, o tan parecido, que el impulso me obligue a huir de nuevo...para volver a salvarme.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Aburrimientos...y no sé si alguna esperanza


Aquí estoy. Sentada en un taburete alto, delante de un ordenador, aburrida y rodeada de asfalto, asediada, asqueada. Las excavadoras están haciendo una calle nueva afuera y parece que no tienen mucha prisa...tiemblan paredes y cristales...ruido insoportable, la ciudad más presente que nunca.

Mi refugio da a la calle. Amplios ventanales, luces, escaparates. De tanto en tanto alguien entra buscando algo especial, un detalle, algo para regalar... llantos de bebés se mezclan con comentarios sobre qué bonito que es todo aquí dentro. Ahora devuelvo el cambio, abro-cierro las persianas, paso tarjetas, hago caja, envuelvo un paquete, lazos de rafia, ropita pequeña, odio a un niño insoportable y yo con mi sonrisa, odio más a su madre y yo con mi sonrisa.

Cien mil colores maravillosos para vestir un mundo gris, para edulcorar infancias que algún día dejarán de serlo y, tarde o temprano, se estamparán contra un muro y harán ver que no pasa nada. Y andarán por caminos tan marcados y ajenos que no desgastarán las suelas de sus zapatos, con los ojos vendados mirando sólo al frente, hacia donde hay que ir porque todas las señales conducen al mismo sitio, creciendo a costa de anular inocencia y curiosidad, perdiendo las ganas pero tirando. y adaptarse o morir. Morir de miedo.
Y espero que algún día se pregunten y quieran saber de dónde sale toda esa rabia. y prueben nuevos senderos. no, mucho más, que elijan correr por campos sin cercar, de esos que aún no existen pero que con las ganas se pueden intuir, sintiéndose con fuerza para poder inventarlos, escalando montañas imposibles junto a otros prófugos.

Y entre estos pensamientos vendo algo, de tanto en tanto, sin mucho esfuerzo. Y vendo y me vendo, constantemente, con una sonrisa encantadora, siendo amable.
Y me vendo y me vendo y me vendo, aunque aún no esté dentro del escaparate pero casi, y me vendo siendo servicial y simpática, cuando en realidad tengo ganas de partirle la cara a alguien, la necesidad de echarme al monte, las ansias de que todo cambie, aunque sea sólo un poquito y yo ya lo quiera todo. y mi paciencia se agote.

lunes, 14 de noviembre de 2011

A un constructor de castillos imposibles...

Te miro y me parece que estoy viendo mi reflejo, porque te entiendo más que a mi misma...aunque calle, aunque no te lo diga. Tan distintos pero no tanto...

Eras poeta que cantaba a la muerte y, creo que conmigo, aprendiste que hay muchos caminos que no tienen porqué ser de angustia, donde se ve más allá de la niebla y el sol puede entrar por las ventanas. Comprendimos juntos, andamos juntas.

Nos amamos hasta que ya no pudimos, y volviste a tu negro sendero, yo a mi indecisión permanente, a las dudas, a mi lado más oscuro.
Amor-dolor-odio, son la misma cosa?

Y luego nos volvimos a aprender, de otra manera, y descubrí nuevas formas de querer, de esas que no puedes ni explicar porque no existen, porque aún no se llaman, porque nadie las entiende.
Y renombramos todas las cosas para colocarlas en estanterías diferentes, en otros armarios, en habitaciones que supimos separar por un pasillo y que, a pesar de la distancia, siento más cerca que nunca.
Y elegimos dolor para acabar siendo vida, dando tiempo al tiempo, sacando ropa sin usar de los cajones y quemando papeles con letras que ya no reconocíamos, para darnos nuevos significados. Y cambiamos los marcos a viejas fotografías, porque nos merecíamos la pena.

A ti, recuperador de utopías, compañero de la vida, ya no amante, mi otra familia, te pido que sigamos siendo buscadores de sueños y, por encima de todo, constructores de castillos imposibles...







jueves, 10 de noviembre de 2011

Serà que funciona...

Ara puc somriure una estona, potser una estona llarga...
La Paqui ha vingut a l'assemblea de barri amb el seu fill, i ella no parava d'anotar en un paper estripat, desordenada, acostant la vista al màxim perquè no pot ni comprar-se unes ulleres. I diu que vindrà a la castanyada, i al taller de violència masclista, i a la ruta històrica, i...
El dia que va venir a la xarxa de suport mutu era una altra persona. Una persona que, a força de pals, havien aconseguit que callés tant de temps que ara no sabia ni parlar. I plorava d'impotència, ja no de ràbia, i se sentia tan sola que no era. No era.

Aquell dia no sé descriure com em vaig sentir, i em pregunto si tinc dret, si puc, si haig, perquè no ho sé... Jo plorava per dins mentre l'escoltava i tractava d'aparentar fortalesa mentre una llàgrima em rajava per la galta i l'odi creixia i creixia i creixia i creixia i creixia...
Mirava les meves companyes buscant còmplices, aliades que em fessin suportable la barbàrie explicada en primera persona. Misèria comuna. I, al mateix temps, la culpabilitat de ser tan feble, la por de no estar a l'alçada, el "ja saps que les coses són així, ara de què et sorprens", l'"això passa cada dia i ara va i no pots ni suportar-ho"...

Ara puc somriure una estona, potser una estona llarga...perquè he entès que això funciona, que el que necessitem és donar-nos afecte i aprendre a escoltar més que a dir. Perquè ara ella ja parla encara que, com nosaltres, no sap cap a on va. Perquè ara ella -nosaltres, jo- ja torna a ser. Ara és.

I el seu fill m'ha dit "senyora", però no passa res...

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Miedos


Cuéntame tus miedos, aquello que te ahoga y te destruye por dentro. Cuéntame, cuéntame porque, seguramente, cuando me hables con gestos o con palabras, entonces me atreveré a abrir la boca y puede que me liberes. Siempre tan cobarde...

Creo que hace tiempo que me cortaron las alas, o me las amputé yo misma, no lo sé. Me he instalado en la comodidad de no decir, de sentir cada noche un vacío y pensar que aquí no pasa nada. Y seguir por inercia, y seguir y seguir, porque a eso nos han enseñado...

Cuéntame tus miedos...probablemente sean también los míos...y quizás podamos volar juntos...

martes, 8 de noviembre de 2011

Llums per il·luminar un present miserable...

M'adormo mirant una fotografia en blanc i negre que tinc al costat de la capçalera del llit. Set milicianes fusell en mà, aturades expressament per ser immortalitzades per una càmera el 1936.
Abans de tancar els ulls fins al dia següent, normalment dedico una estona a pensar de manera calmada i, sovint, m'adormo entre reflexions, desitjos, esperances, inquietuds...uns instants per pensar-me...
Aquest cop, mirant la fotografia, penso en l'espoli que patim, en una història que ens ha estat sistemàticament negada en pro d'una versió on totes acabem sent culpables, on vencedors i vençudes comparteixen responsabilitats i acaben sent el mateix. Fins a quin punt hem interioritzat aquesta culpa, penso...
Les lluites passades mai poden servir de referent, ens són esborrades... no fos que aprenguéssim alguna cosa, no fos que trobéssim eines per entendre d'on venim, no fos que poguéssim cercar en aquest 'abans' alternatives a un present desconcertant on, sovint, ens sentim perdudes i derrotades, no fos que comprenguéssim que sempre ha existit un 'nosaltres' que, a través del temps, ha mostrat la seva rebel·lia de maneres diferents, de vegades tan subtils que gairebé no es poden veure ni sentir.
Només fent nostre aquest 'nosaltres' sabrem que no estem soles i que mai ho hem estat... i, aleshores, els enemics a batre esdevenen molt més clars...
Massa anys amb la sensació de pèrdues permanents ens enganyen i ens donen una visió d'estar construint sobre terra erma, en un desert de persones aïllades que caven soles la seva pròpia tomba.
Que no ens prenguin el gust de pensar que podem guanyar i que, poc a poc, continuem teixint... teixim usant els retalls de les milicianes, traient la pols als pedaços de les lluites veïnals de no fa tant, declarant-nos hereves de multitud de resistències possibles... seguim teixint i teixint perquè no som òrfenes, perquè podem tenir referents que ens sonriguin els dies i ens permetin, en algun moment, il·luminar sortides al nostre drama permanent.