"El pájaro cautivo no sólo ha perdido la conciencia de que la jaula es una jaula, sino también de que él es un pájaro"

lunes, 23 de enero de 2012

Los pasos...


Hay tantas cosas ahí que nos pueden salvar en cualquier momento...imperceptibles, diminutas, tan pequeñas que a veces ni vemos, ni contamos con ellas.
Pero ahí están, ahí están. Para aparecer en momentos precisos. Recordándote quien eres, abrazándote en la fragilidad de los días que pasan y pasan.

De nuevo olvidé de dónde vengo y cómo he llegado hasta aquí. Pero ya no. Hoy he podido ver los caminos que elegí dejar atrás, las nadas que supe llenar forzando amaneceres. Hasta que una mañana el sol brilla diferente. Porque a costa de perder, de aceptar despedidas y soltar lastres, una acaba por aprender a vivir. Después de sobrevivirse. 

Y creo que voy a repetirme esto hasta la saciedad, para volver a sentir que ya pasé página hace tiempo y que lo que sucede ahora tiene que ver con temores que ya logré vencer, con un pasado que dejo que vuelva y vuelva para que todo parezca más difícil. Que el miedo es a una misma.

Simplemente ahora llega el momento de atarme los cordones y desgastar las suelas, de trazar nuevos caminos moviendo un pie, y luego otro, y luego otro, que las de siempre ahí van a seguir si la suerte no acompaña, para poder andar sobre suelos arcillosos. Que ya no es tiempo para caparazones.



Simplemente un paso...y luego otro...y otro...





jueves, 19 de enero de 2012

Temores y dramatismos


Hoy hasta las palabras cuestan. Y exactamente no sé porqué. Como si un ataque de tristeza hubiera venido así, de repente, para ponerle aún más peso a las cosas. Como si un desconsuelo latente ahora se atreviera, aprovechando las horas bajas.

Y pienso que ya es jueves. Y que enero casi ha pasado ya. Y que yo sigo atrapada en un sinsentido que no me atrevo a compartir con casi nadie, pasando los días esperando no sé bien a qué. Esperando y esperando. 

Y me veo aquí sentada en un taburete incómodo, rodeada de piezas de mil colores pero viéndolo todo de un gris que abruma. Con miedo de haberme acostumbrado a esta soledad de tiempos infinitos. Miedo de haber querido tanto, que ahora ya no pueda más. Miedo a heridas que no cicatrizan durante toda una vida. 
Miedo a que este miedo no se canse y no acabe de irse. 




Hay rostros que reconozco, eso me salva. Hay rostros donde me miro y me veo. Hay ojos oscuros como los míos, que comprenden en silencio, donde se puede leer. Y labios de cerezas y mejillas cortadas. Y en estos espejos a menudo me consuelo. Porqué entienden de intensidades, de gargantas anudadas, de sentir desmesurado. 

Y a esto me agarro para intentar, una vez más, darle la vuelta a las cosas. Sabiendo que sola no puedo.  
Y me aviso: la peineta me la quito mañana. O el otro... 






martes, 17 de enero de 2012

Sin-sentidos

Dejar de pensar. Hoy se va a tratar de eso, tras una larga deliberación llego a esta conclusión espléndida.
Centrarme en cosas banales, ser superficial y, sí, aparentar normalidad...que aquí no pasa nada.

Y, por un día, dejar pasar las horas sin más, sin intentar entender, como si no me fuera la vida a cada paso...sin vivir como acostumbro.
Y reírme de mi misma y darme una tregua; y hablar sin pensar lo que digo y hasta la absurdidad; y callar sin silencios de dudas y miedos. 
Y engañarme para despistarme. Mentirme.


Mentirme para no sentir.
Mentirme hasta el sinsentido de creer mis propios engaños.




jueves, 12 de enero de 2012

Caminos de vuelta


Hoy me encontré un poquito, que andaba despistada. Y, volviendo a casa, sentí ese olor a leña quemada, a fuego que calienta, a pesar de vivir en un barrio de ciudad. 
Supongo que se escapa de alguna de las casitas antiguas que sobreviven por estas calles estrechas. Y, como ya es habitual, intenté encontrar sin lograrlo de dónde nacía el aroma, cual era el foco del calor, por si me invitaran a pasar.

Decía que hoy me encontré un poquito. Pero un poco antes lo que me encontré fue un libro de Pedro Salinas, que alguien me regaló dejándolo en un cruce de calles. Y empecé a leer poemas, que los caminos de vuelta se saben de memoria. No te detengas nunca cuando quieras buscarme. Si ves muros de agua, anchos fosos de aire, setos de piedra o tiempo, guardia de voces, pasa. Y leí aunque más de una vez haya dicho que odio la poesía, o que sólo soy capaz cuando puedo entenderla.
Y hoy entendí. Y me encontré un poco más.

Pero, vuelvo, trataba de contar que me encontré. Y pensé en las plazas y en los barrios, en como vamos confiando poco a poco, en todas las que aguantamos el frío cada miércoles a las siete y media. 
Y me encontré porque he vuelto a sentir las ganas.
Y me he odiado por creerlas perdidas, por aborrecer lo extraordinario, por normalizar lo que no me atreví ni a soñar, por querer adormecer mis deseos.  


Y he gritado hacia dentro un gracias por darme alientos.
Gracias por las lumbres que calientan eneros.




martes, 10 de enero de 2012

Venimos de lejos...


Venimos de tiempos en que saltábamos cercos y rompíamos vallados.
De hecho, siempre lo hicimos. Siempre aprendimos de otras, las de antes, para poder ser ahora e imaginar mañanas de campos sin labrar. Aunque no tengamos marcas de esas batallas en el cuerpo ni hayamos oído esos gritos, aunque las ansias quizás sean distintas y las palabras tomen nuevos significados.
Los mismos enemigos; puños cerrados igual.  

Y hoy nos cuentan viejas y niños y los oídos son más sordos que nunca. Porque nosotras ya sabemos cómo. Nosotras, sin ellas. Nosotras, sin vosotras. Nosotras. Y la soberbia desdeña. Y hablamos de mundos infinitos que ni nos creemos, incapaces de vivir de las maneras que predicamos. Sin amar diferente, simplemente diciendo que lo hacemos. Siendo escaparates de sueños que mueren por la boca. 

Pero yo quiero ser niña y viejo, aunque no tenga edad. Para empaparme de pasados que muestran caminos y luces. Para equivocarme tantas veces que, de ahí, pueda nacer alguna verdad.
Y aprender algo que no conocía antes, que no enseñan las letras ni los números.
Y gritar miedos que, al compartirse, alivien soledades.

Quiero saber tu nombre y recordarlo y repetirlo, para reconocernos en tantas miradas de ojos brillantes que dejemos de tener la sensación de morir a cada paso. Y, sin ser iguales -porque no lo somos- pensar en posibles que, aunque lejanos, podamos intuir a la vuelta de esquinas aún desconocidas.
Quiero que los abrazos alimenten o que, al menos, sepan a algo.
Quiero escuchar como me llamo y reconocerme en tu voz antigua o nueva.
Quiero derrumbar muros sin ser tú, siendo nosotras. Pero contigo. O sin mi. 



Venimos de hace tanto que, a veces, no recordamos de dónde...
ni osamos imaginarlo...





sábado, 7 de enero de 2012

La distància necessària


La intuició de conèixer algú que gairebé no sé qui és. M'agrada sentir-ho, tot i que potser m'equivoqui. Perquè poques vegades ens comprenem en les paraules perquè, sovint, els significats no ens són comuns. I ens confonem, elaborem imatges de qui tenim al davant, l'interpretem a la nostra manera. Miratges...
I quan no hi ets t'invento, ho faig amb tothom. I et reconec des de fa temps. Tot i que gairebé no sé qui ets.   

El temps -aquest enemic del que sovint no disposo- acostuma a posar les coses al seu lloc, que no al meu. Però jo no sé si vull esperar aquest transcórrer d'hores incertes, de dies que se succeeixen repetint-se. Perquè en qualsevol moment se m'escaparà i allò que vull callar brollarà inesperadament, sense control i segurament sense paraules, amb un gest despistat. I la contenció no haurà servit de res. Potser millor així... 

I avui, dissabte que sembla diumenge, puc veure les coses d'una altra manera, no sé ben bé com ho he aconseguit ni si és veritat que ho hagi fet, potser ha estat aquest dia que s'ha despertat lluminós enganyant els meus sentits.
I em sembla que començo a sentir la calma necessària, i em recomposo usant aquells pedaços de mi que val la pena recuperar, els que em fan mal els abandonaré pels racons esperant que es cobreixin de borrissols. 
I, així, tornaré als meus textos, als meus pinzells descuidats, a les meves caixes de colors i vernissos. Per saber-me de nou. Recuperaré les meves agulles maldestres i les meves teles de flors petites. Els botons de mil maneres. Per mi, no per ningú altre. I les converses amb les companyes de pis, la meva familia petita que no deixa que alci gaire el vol per por a veure'm caure de nou, com tantes vegades abans. 



Simplement he de deixar d'il·lusionar-me, deixar d'esperar res. Simplement. I només dir-ho ja sé que em menteixo, que no podrà ser. Perquè no puc desesperar, perquè estic feta de somnis i no vull fer desaparèixer les ganes i el desig. Jo sóc així, de somriure davant la boira espessa. Solament he de tornar-ho a saber. 
Només intentaré que el dramatisme desmesurat desaparegui. Per prendre'm les coses amb la paciència de les agulles del rellotge, acostumant-me a un temps que odio però que, ara mateix, em mostra el ritme de la distància obligatòria. 
Tinc por però no sóc covarda, només necessito donar-me l'espai per tornar a mi. 
I, després, ja veurem...





viernes, 6 de enero de 2012

Re-volviendo...

Hoy vuelvo a volver. Y dejo que el vendaval me lleve hasta mi casa, me guíe hasta la habitación y me meta en la cama. Yo me dejo llevar, como si fuera una de esas hojas que caen de los árboles y que hoy tienen una vida agitada por el viento. Y me cubro con el edredón tapándome la cabeza, para no existir. 
Sucedió otra vez. Vuelvo a volver. Y, de nuevo, construí el castillo tan grande que ahora el derrumbe me deja sin palabras que puedan contar. Sin entender nada. 

He intentado darle prisa al tiempo, acelerarlo, forzar las manillas. He intentado contarte, pero me sabe a poco. Y ahora ya no sé leer, porque las letras que antes tenían sentido me las inventé. No sé, no sé. No sé. 

Qué hacer para no pensar tanto, para no imaginar. Qué hacer para que no duelan las caídas. Qué hacer para hablar sin estar segura de lo que se dice, para nombrar aquello que no es para nadie, para gritar sinsentidos que sólo están en mi cabeza. Qué hacer para decir sin asustarme. 

Hoy vuelvo a volver. Y no vivo para mi, vivo por y para otros. 






miércoles, 4 de enero de 2012

Empezares...

Hoy mi habitación parece otra, no sólo porque haya cambiando algunos muebles y ordenado aquello que es ingobernable. Y me tumbo y miro los nuevos rincones, nuevos colores, más libros, más espacio imaginado que real.

Para este año que empieza deseé más de una cosa. Y acabamos quemando papeles, que se ve que así se cumplen los deseos, o eso nos inventamos en una especie de ritual improvisado en el momento. 

Pero no caí en pedir menos miedo. Y, será por eso, ahí sigue, como diciéndome que no me olvide de él porque le encanta tejer ovillos en pechos ajenos, enmarañar hasta las entrañas. Y más que nunca no me salen las palabras. Y te miro pero evito tus ojos. Y me quedaría pero me voy corriendo en sentido opuesto. Y ya me duele.

Mi peor enemiga soy yo misma. Pero ya no. 
Porque mañana puede ser un buen día para empezar a decir y no sólo quedarme ahí. Ir un poquito más allá.  
Porque mañana, que ya es hoy, puede ser un buen día...
y ya basta de negarme y sentir que mis sentidos se adormecen...