Venimos de tiempos en que saltábamos cercos y rompíamos vallados.
De hecho, siempre lo hicimos. Siempre aprendimos de otras, las de antes, para poder ser ahora e imaginar mañanas de campos sin labrar. Aunque no tengamos marcas de esas batallas en el cuerpo ni hayamos oído esos gritos, aunque las ansias quizás sean distintas y las palabras tomen nuevos significados.
Los mismos enemigos; puños cerrados igual.
Y hoy nos cuentan viejas y niños y los oídos son más sordos que nunca. Porque nosotras ya sabemos cómo. Nosotras, sin ellas. Nosotras, sin vosotras. Nosotras. Y la soberbia desdeña. Y hablamos de mundos infinitos que ni nos creemos, incapaces de vivir de las maneras que predicamos. Sin amar diferente, simplemente diciendo que lo hacemos. Siendo escaparates de sueños que mueren por la boca.
Pero yo quiero ser niña y viejo, aunque no tenga edad. Para empaparme de pasados que muestran caminos y luces. Para equivocarme tantas veces que, de ahí, pueda nacer alguna verdad.
Y aprender algo que no conocía antes, que no enseñan las letras ni los números.
Y gritar miedos que, al compartirse, alivien soledades.
Quiero saber tu nombre y recordarlo y repetirlo, para reconocernos en tantas miradas de ojos brillantes que dejemos de tener la sensación de morir a cada paso. Y, sin ser iguales -porque no lo somos- pensar en posibles que, aunque lejanos, podamos intuir a la vuelta de esquinas aún desconocidas.
Quiero que los abrazos alimenten o que, al menos, sepan a algo.
Quiero escuchar como me llamo y reconocerme en tu voz antigua o nueva.
Quiero derrumbar muros sin ser tú, siendo nosotras. Pero contigo. O sin mi.
Y aprender algo que no conocía antes, que no enseñan las letras ni los números.
Y gritar miedos que, al compartirse, alivien soledades.
Quiero saber tu nombre y recordarlo y repetirlo, para reconocernos en tantas miradas de ojos brillantes que dejemos de tener la sensación de morir a cada paso. Y, sin ser iguales -porque no lo somos- pensar en posibles que, aunque lejanos, podamos intuir a la vuelta de esquinas aún desconocidas.
Quiero que los abrazos alimenten o que, al menos, sepan a algo.
Quiero escuchar como me llamo y reconocerme en tu voz antigua o nueva.
Quiero derrumbar muros sin ser tú, siendo nosotras. Pero contigo. O sin mi.
Venimos de hace tanto que, a veces, no recordamos de dónde...
ni osamos imaginarlo...

No hay comentarios:
Publicar un comentario