Hoy mi habitación parece otra, no sólo porque haya cambiando algunos muebles y ordenado aquello que es ingobernable. Y me tumbo y miro los nuevos rincones, nuevos colores, más libros, más espacio imaginado que real.
Para este año que empieza deseé más de una cosa. Y acabamos quemando papeles, que se ve que así se cumplen los deseos, o eso nos inventamos en una especie de ritual improvisado en el momento.
Pero no caí en pedir menos miedo. Y, será por eso, ahí sigue, como diciéndome que no me olvide de él porque le encanta tejer ovillos en pechos ajenos, enmarañar hasta las entrañas. Y más que nunca no me salen las palabras. Y te miro pero evito tus ojos. Y me quedaría pero me voy corriendo en sentido opuesto. Y ya me duele.
Mi peor enemiga soy yo misma. Pero ya no.
Porque mañana puede ser un buen día para empezar a decir y no sólo quedarme ahí. Ir un poquito más allá.
Porque mañana, que ya es hoy, puede ser un buen día...
y ya basta de negarme y sentir que mis sentidos se adormecen...
No hay comentarios:
Publicar un comentario