Hay tantas cosas ahí que nos pueden salvar en cualquier momento...imperceptibles, diminutas, tan pequeñas que a veces ni vemos, ni contamos con ellas.
Pero ahí están, ahí están. Para aparecer en momentos precisos. Recordándote quien eres, abrazándote en la fragilidad de los días que pasan y pasan.
De nuevo olvidé de dónde vengo y cómo he llegado hasta aquí. Pero ya no. Hoy he podido ver los caminos que elegí dejar atrás, las nadas que supe llenar forzando amaneceres. Hasta que una mañana el sol brilla diferente. Porque a costa de perder, de aceptar despedidas y soltar lastres, una acaba por aprender a vivir. Después de sobrevivirse.
Y creo que voy a repetirme esto hasta la saciedad, para volver a sentir que ya pasé página hace tiempo y que lo que sucede ahora tiene que ver con temores que ya logré vencer, con un pasado que dejo que vuelva y vuelva para que todo parezca más difícil. Que el miedo es a una misma.
Simplemente ahora llega el momento de atarme los cordones y desgastar las suelas, de trazar nuevos caminos moviendo un pie, y luego otro, y luego otro, que las de siempre ahí van a seguir si la suerte no acompaña, para poder andar sobre suelos arcillosos. Que ya no es tiempo para caparazones.
Simplemente ahora llega el momento de atarme los cordones y desgastar las suelas, de trazar nuevos caminos moviendo un pie, y luego otro, y luego otro, que las de siempre ahí van a seguir si la suerte no acompaña, para poder andar sobre suelos arcillosos. Que ya no es tiempo para caparazones.
Simplemente un paso...y luego otro...y otro...
Aquesta és la meva Anna...
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