Hoy vuelvo a volver. Y dejo que el vendaval me lleve hasta mi casa, me guíe hasta la habitación y me meta en la cama. Yo me dejo llevar, como si fuera una de esas hojas que caen de los árboles y que hoy tienen una vida agitada por el viento. Y me cubro con el edredón tapándome la cabeza, para no existir.
Sucedió otra vez. Vuelvo a volver. Y, de nuevo, construí el castillo tan grande que ahora el derrumbe me deja sin palabras que puedan contar. Sin entender nada.
He intentado darle prisa al tiempo, acelerarlo, forzar las manillas. He intentado contarte, pero me sabe a poco. Y ahora ya no sé leer, porque las letras que antes tenían sentido me las inventé. No sé, no sé. No sé.
Qué hacer para no pensar tanto, para no imaginar. Qué hacer para que no duelan las caídas. Qué hacer para hablar sin estar segura de lo que se dice, para nombrar aquello que no es para nadie, para gritar sinsentidos que sólo están en mi cabeza. Qué hacer para decir sin asustarme.
Hoy vuelvo a volver. Y no vivo para mi, vivo por y para otros.
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