No sé qué le entra a la gente durante estas fechas que se replantea su vida. Y pide que se cumplan sus deseos. Año nuevo, vida nueva. Propósitos, retos, cambios necesarios o obligatorios, siempre a mejor si se puede elegir, claro está. Y me pregunto por qué no lo intentan antes, o constantemente, por qué es necesario ceñirse a una fecha concreta. Claro que, pensándolo bien, los cambios que elijo para mi a menudo quedan en un 'mañana empiezo' que nunca cumplo...y no voy a ser yo la que desilusione a la mayoría...
Así que me dejo llevar por la corriente, para ver si funciona aquello de desear algo con todas tus fuerzas para que se cumpla. Me sumo a las filas de aquellas que creen en la magia, en el destino.
Y en estos días de viento del norte salgo cada noche al balcón, porqué no pasa siempre que el cielo de la ciudad sea tan transparente y el aire se respire fácil. Y es mi oportunidad para encontrar esas estrellas que tanto me gustan y que no sé cómo se llaman, que forman un grupito pequeño muy muy juntas, aisladas del resto de constelaciones. Son las primeras que busco al mirar arriba.
Pero en Barcelona nunca se cae ninguna estrella.
Y, así, los deseos se acumulan...

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