"El pájaro cautivo no sólo ha perdido la conciencia de que la jaula es una jaula, sino también de que él es un pájaro"

viernes, 16 de noviembre de 2012

Un pedacito...


A veces me salen las palabras seguidas casi sin pensarlas, como si hubieran estado retenidas en la garganta esperando el momento propicio para salir del escondite. Y en el orden adecuado me cuentan, me explican, me desenredan, me calman, me curan.
Hoy no es uno de esos días, y he esperado, a ver si se descubrían y estallaban en sonido alto y claro, en frase alentadora. Y he esperado, a ver si el sentido de repente venía.

Hoy, aquí sigue tu espacio en reserva. Como un rinconcito que te guardo, por si un día aparecieras y sin miedo me dijeras que me amas.
Hoy descubro que aprendí a vivir en la espera, sin drama alguno. Aprendí a que no doliera, a seguir con este pedacito tuyo a cuestas. Aprendí a sobrevivirte y a llevarte conmigo como algo bonito que no puedo evitar.

Hoy, que no salen las palabras, sólo atino a decirme que te amo. En ese coto pequeñito y casi desterrado. Como un quejido que no grita, como un lamento silencioso que siempre me acompaña y que me deja amar a otros. 
Ahí permaneces, como un ronroneo, como un latido imperceptible. 










sábado, 1 de septiembre de 2012

Compañeras de viaje



Regreso a esta ciudad que todo lo engulle, a esta ciudad de múltiples engranajes que no dejan nunca de funcionar, a esta gran fábrica de horrores, de escala de grises en la que, a veces, una encuentra pedacitos de sueños, algún color verdadero, algún rojo primario. El verano es fin de año y me repienso en escenarios infinitos. Y empiezo algo que nunca antes, con la inseguridad de siempre pero también con las certezas que recogí por el camino y a las que me agarro para no volver a perderme. Giro esquinas y ando por calles que nunca pisé.


Echo la vista atrás y, a pesar de todo, fui capaz de recolectar instantes de vida. 
Y, lo mejor: instantes de vida de esos que perduran en el tiempo...porque decidí que me acompañaran en mi viaje. Porque elegí dejar de sentirme sola en medio de la eterna soledad a la que estamos condenadas. 
Porque las condenas no deben cumplirse.  







domingo, 17 de junio de 2012

Te busco en otros nombres

Hoy me invito a convencerme. Bueno, hace ya días que me invito sin convencerme de verdad, sin creer que quiero y debo hacerlo. Sobretodo debo, porque ya es necesidad.
Hoy me invito (aunque sea mentira) y me convenzo. Estoy anclada y no sé hacia dónde voy. Lo mismo significabas alguna certeza en medio de este mar de dudas, y de ahí el no dejarte pasar, de ahí este amarrarme con garra. Lo mismo significabas algo bello en medio del sin sentido, y de ahí que cada día nos diera una nueva oportunidad, o me diera la oportunidad de seguir inventándote. Inventándome.
Hoy me convenzo, que ya me invité hace tiempo. Aunque sienta lo contrario. Y porque empiezas a quitarme el hambre y el sueño, por eso debo añadirte a la lista de batallas perdidas. Por miedo, sí, quizás. 

Hoy me convenzo porque me venciste ya hace tiempo pero no me creí perdida, y ya no sé en qué lugar ponerte, de qué manera pronunciar tu nombre. Que suene a hueco, que no me lleve a pensarte.  

En realidad me invito a olvidarte (y me convenzo, y me convenzo), pero con el deseo de acabar encontrando a alguien que me recuerde a ti. Con el deseo de volver a pronunciar te conozco mucho antes de haberte conocido. 

Pues allá voy...de nuevo a buscarte en otros nombres. Y me convenzo. O eso espero.





martes, 12 de junio de 2012

Vulnerable


Llevo siglos perdiendo. Sí, llevo siglos perdiendo. Ayer por fin me lo dije, me atreví a convencerme.  

Pero, en esta pérdida constante, en este desapego infinito, en este dejar ir no hubo tiempo para la derrota, solamente en instantes de horas bajas, en días en que el desprendimiento y la soledad se convertían en esa ausencia que desgarra por dentro. En esa nostalgia que sólo te permite sonreir en el recuerdo, que te traslada, ojos muertos al presente. Y estás sin estar. 
Porque perder es como si fuera una constante ligada al propio hecho de vivir. Aceptar que simplemente existen momentos, más o menos largos, más o menos intensos. Momentos de mirarse y entender demasiado, de besos y miradas y piel y aroma. Momentos de contarse hasta lo que no nos atrevíamos ni a nombrar, de confiarse a alguien.Y no saber hasta cuándo, pero aferrarse a eso porque sabe a algo. Cuando ya nada sabe a nada. 
Poquito a poco, acabar tejiendo algo tan y tan fuerte que deseamos para siempre, hasta el fin de nuestros días. Porque ese aire que nos cuesta encontrar ahora nos llena los pulmones, y la vida, entonces, aunque sea por unos pocos segundos, merece ese nombre.  





Pero un día termina. De golpe me olvidé de estar sola, me acostumbré a las sábanas calientes, a despertarme contigo. Y una sigue oliendo esas caricias, sintiendo ese escalofrío como si fuera la primera vez, evocando risas y suspiros y gemidos que ya no están, rescatando una y otra vez rincones y abrazos y esquinas y hoyuelos y voces y sueños y risas y palabras. 
Y el lleno de aire se transforma en dolor de entrañas. Porque, en el fondo, para curarse hay que desprenderse de un pedazo de una misma, de un pedazo terriblemente hermoso. Que ya fue, que se va, que hay que dejar ir. 

E intentamos seguir...impregnadas de temor. E intentamos seguir tejiendo, pero ya no puede ser lo mismo, que del miedo acumulado se acuerda el cuerpo, que de tantas veces tratamos de evitar la siguiente, que a cicatrices más profundas mayor es el muro que levantamos. Que me protejo como puedo, marcando distancia, siendo fría cuando lo que quiero es abrazarte.

Y me acerco, te miro, te oigo, te deseo mil veces, te imagino muchas más. Pero, al instante, me encierro para no volver a caer. Como si supiéramos de antemano que, si cruzamos la línea, si nos traspasamos, si pasamos a las manos, volveremos a ser vulnerables al vacío. 

Qué contradicción. Porque hablamos de no tener miedo y lo que siento ahora es pánico. Porque me hago fuerte en colectivo pero te temo en particular. 




Que alguien me cuente cómo. Cómo no amar así aún sabiendo que el dolor acecha, cómo quedarse simplemente a medias, cómo no terminar siendo consumidora de cuerpos, usuaria de cuerpos a los que no pedir ni esperar absolutamente nada por miedo a que su voz y su aliento acabe sabiendo a algo. 


Que alguien me cuente cómo. Porque yo no sé sentir distinto y no quiero perder la intensidad. Porque sentir así, amar así, es lo que me salva. 
Y te pregunto preguntándome cómo que no me cansé tras tantas caídas, cómo sigo buscándote...
...y marchándome cuando te encuentro. 










miércoles, 23 de mayo de 2012

Vías de escape


Aprendí a reinventar la ciudad cada vez que salía a la calle. Así que miraba hacia arriba y observaba buhardillas, vigas de madera, pequeñas terrazas dónde tumbarnos las noches de verano, patios traseros, olores de ropa tendida, tentadoras casitas de nadie, bares donde buscarte. Inventando nuevas historias resistí tantas y tantas veces a la necesidad de marcharme, aunque también me fuera de tanto en tanto. 
Porque aprendí a escapar quedándome, a huir sin irme.

Una ciudad ficticia, sólo para mi y a veces para algún amigo no sé si afortunado. Dónde la cuadrícula se convertía en laberinto. Dónde encontrar regalos insólitos en aceras y esquinas. Dónde imaginarme otras formas posibles, vidas entre otras paredes, dónde soñarnos distinto.

Quizá esta vez necesite irme haciendo la maleta. Dejar de sentirme sola entre la multitud para sentir otra soledad que quizás no duela tanto, que no sea tan absurda. Pero no sé a dónde. No sé a dónde. 




Porque seguramente, esté dónde esté, alce la vista y, creyendo mirar a través de ventanas nuevas, continúe imaginando lo que sucede al otro lado de los cristales. 

Y, una vez más, no importa dónde, seguiré reinventando realidades. 






jueves, 10 de mayo de 2012

Un día, una noche


Nos miramos y entendimos. Me vi en tus ojos, no sé si tu en los míos, me pareció que sí. Nos reconocimos y, esa vez, por extraño que parezca, decidí no marcharme, no buscar excusas, no inventar mil maneras de escapar. Así que me lancé blindándome de mañanas y de pasados que vuelven, de inseguridades e incertezas. Me instalé en el instante, en el momento. Aquí y ahora.

Ahora que regresa la noche recuerdo tus latidos. Y tu voz suave, tus manos delicadas. Y el descubrirte poco a poco y el exponerme a pasitos cortos. Venciendo al miedo. Con la sensación de que a menudo doblabas las mismas esquinas unos segundos antes, que pisabas las mismas calles pero la casualidad había prohibido encuentros fortuitos.



Hoy ya te fuiste. Pero ahí sigues. En mi tacto y en el aroma de la almohada. En el edredón de flores, en la habitación amarilla, en los libros que ya habíamos leído, en la ventana que da al patio. 
Ya te fuiste. Pero aquí estás. Y alargo el brazo por si te encontrara, perdido entre las sábanas revueltas.

Te fuiste, pero estás. Ahora que cae la noche. Ahora que el lápiz se desliza por el papel en blanco. Ahora que cierro los ojos para olvidarme del mundo. Estás. 

Aunque espero que no vuelvas.




jueves, 19 de abril de 2012

Bajo las piedras

A veces hay que buscar sueños debajo de las piedras. Justo en esos momentos en que el tiempo parece pararse pero en el fondo corre más rápido que nunca, y ni te enteras. Justo en el instante en que aparece el abismo para engullirte y tirarte hacia lo más profundo. Justo ahí, cuando te ves más perdida que nunca y ya no sabes ni quién eres, cuando te crees sin fuerzas y te dejarías caer, justo ahí, una puede aferrarse a seguir estando presente o dejarse llevar por la corriente que arrastra al fondo. Porque seguir sin más, no.


Y bueno, no es que se pueda decidir libremente pero, aunque me parezca que no, me quedo con lo primero. Yo me agarro. Fuerte.
Y levanto piedras para ver lo que encuentro. Y sigo estando.





sábado, 7 de abril de 2012

Dentro y fuera


Me aterroriza escucharos. Me aterroriza lo que hacéis con nosotras, cómo nos aplastáis sin ningún remordimiento, fácilmente, sin mucho esfuerzo. Me aterroriza ver cómo rompéis lo único que para mi tiene algún sentido, si es que algo lo tiene. Me aterroriza sentir cómo nos abocáis al odio más inmenso y a la rabia perpetua, por si al final no nos quedara nada más que eso.
Me aterrorizan los barrotes y las rejas. Dentro y fuera; Dentro y fuera.

Grito, pero ya nadie oye. Acorraladas, encerradas, perseguidas. Dentro y fuera. Dentro y fuera, derrotadas. Vencidas, mientras preparáis nuevas maneras de sepultarnos, mientras vendéis al mundo vuestra paz de obediencia ciega y muda, vuestra normalidad de vidas de miseria, vuestra violencia salvajemente asimilada. Cada vez, los muros más altos.





No sé si voy a poder. Hoy que miré a mi alrededor y vi sólo sufrimiento, ahora que nos robaron la sonrisa, ahora que nos quitaron la esperanza a la fuerza. Me duelen las horas inciertas, los ojos sin brillo, los días que pasan sin saber hasta cuando. Me duele nuestro llanto de impotencia, esa voz entrecortada, nuestro rostro cansado. Me duele no poder darnos ni una bocanada de alivio, ni una respuesta adecuada. Sólo abrazos que, por momentos, despistan la angustia.
Abrazos que despistan, lo único que puedo darte ahora.

Y me pregunto si puedo no poder. Si el simple hecho de pensar en huir me convierte en alguien horrible.  Si el pánico a poder ser la siguiente me hace despreciable.
Pero sí, me iría lejos para poder pensar cómo, con la calma necesaria, sin la urgencia del momento. Para darme un tiempo y encontrar las fuerzas ahora exhaustas, la alegría que creía haber ligado a mi nombre. Y poder desgranar esta mezcla de sensaciones encontradas, para que vuelvan las certezas.

Mirar hacia adelante...y sentir algo más que este dolor que ahora lo ocupa absolutamente todo.
Saber que podemos vencerlo confiando en que, a pesar de todo, merece la pena.
Lo sé, merece la pena. Pero quiero sentirlo de nuevo, que vuelva a formar parte de mi sin espacio para la duda, como antes, como siempre. Sin espacio para el miedo.


Que nadie se quede en el camino.  







lunes, 2 de abril de 2012

Salvándome... de nuevo...


Soñaba con que todo fuera fácil, sencillo, como antes. Como cuando su voz no se entrecortaba de repente presa de uno de sus ataques de soledad, como solía llamar a una especie de nostalgia que venía cuando menos lo esperaba. Soledad de multitud.

Y, entonces, las sábanas. Y el encierro. Y el llanto. Y el buscar abrazos, calor, caricias que rompieran el desconsuelo y el mar de dudas. Sentir a alguien cerca, simplemente eso, pero tan difícil. Tormentas de miedo, sus fantasmas, sus ansias de amar con mayúsculas. No como aprendió, no como tiene que ser. Lo peor de ella, su pánico a un dolor que, al final, nunca lograba esquivar. Y estamparse mil y una veces.

A días creía que su vida era una larga espera. De tiempos infinitos. Así que inventaba cuentos, sorpresas,  miradas, historias y casualidades, que alguien apareciera al girar la esquina, algo que rompiera la monotonía de las horas pasando sin más. Y fue entonces, siendo aún una niña, cuando se hizo experta en castillos de arena y de viento, porque el mundo a veces le resultaba insoportable.

Aunque frágil, sabía que era fuerte. No se trataba de esa fortaleza dura y cortante, más bien sacaba fuerzas del convencimiento, del creer que podía, del enfrentarse a sus días con una sonrisa que raras veces conseguían arrebatarle. Sonrisa de combate ante la desidia, de resistencia ante la condena de una vida sin vida.

Y al final de cada una de sus historias, al final de cada instante que tejía, se salvaba. Se salvaba, porque sólo podía hacerlo ella misma. Aunque atribuyera a otras sus propios esfuerzos. Aunque los abrazos y las manos y los alientos ayudaran. Aunque sin otras creyera que no era nada, aunque a veces se viera sin fuerzas y sin ganas.

Y así, al final, siempre se salvaba...



jueves, 23 de febrero de 2012

A mares


Las profundidades. De ese mar que va y viene, de burbujas refrescantes y espuma blanca. De olor a sal que duele a los ojos y cura heridas. De algas y corrientes submarinas y mareas de luna llena. De arena fina entre los dedos y olas revoltosas. De soles que abrazan. 

Háblame desde ese alguien que aún no sabe quién es pero que sigue buscando y no se conforma. 
Desde ese miedo que no se hace palabra porque ni sabe que es miedo, cree que es duda.

Háblame desde ti, no desde ese alguien que te mostraron, no desde tu reflejo. 
No como aprendiste ni como quieres que te vea, ni como te dijeron ni como debes.
Háblame desde un océano azul de rojos infinitos.  

O mírame sin decir nada, que yo te miro a ti y entiendo. 
Que si te desnudas yo me quito alguna prenda. 
Me atrevo despacito. 


Los silencios no son sólo pausas entre las palabras. 





jueves, 9 de febrero de 2012

Lo cotidiano asfixia





Se acercan cambios. Algunos los presiento, los intuyo, que ya es mucho. Otros vienen seguro, ya están aquí. Y cuando me da por pensar creo que cualquiera puede escuchar los golpetazos de mi corazón acelerado, encerrado en el pecho, como pidiéndome por favor que acepte todo lo nuevo para no tener que explotar. Me pide calma. Y un poco de resignación, eso que tanto me costó siempre.





Rebusco en mi armario para volver a disfrazarme de persona seria y responsable. Rescato zapatos. El metro en hora punta repleto de ojos que no dicen nada, de miradas cansadas y asqueadas, de sonrisas aún dormidas que no sé si llegan a desperezarse. Yo me resisto. Sonrío a la de al lado. Empujones y quejas para entrar y salir, intento avanzar rápido por el andén para ver la luz del día cuanto antes, corro al borde de las vías pero, al dejar atrás las escaleras, ya veo que he salido a otro mundo, que esas calles no me acompañan. No son mis calles. No lo van a ser nunca. Ni voy a acostumbrarme. No, no. 

Camino haciendo zigzag por esas aceras dónde no se puede hacer nada más, por calles cuadriculadas que no dan para perderse y conducen inevitablemente al lugar que andabas buscando. Imposible no seguir el camino marcado. 

Subo al despacho dónde trabajaré durante unos meses y en el ascensor ya siento el nudo, rodeada de personas que no me apetece conocer, a las que no voy a dar ni una sola oportunidad. No sé si voy a poder soportar esto durante mucho tiempo. Minutos, segundos, milésimas de nada que merezca ser contado. Siglos de pasillos enmoquetados, de diplomas y diplomas y diplomas que recubren paredes y cuadros descoloridos.

Los lunes vuelven a ser lunes. Días que acaban sin haber empezado. Días de ojeras, de vacíos, de horas delante del ordenador, de impresoras multiusos, de archivadores de causas, de papeles que no importa que entienda y filas de mesas de nadie. Calor denso de calefacción. Y me levanto y ya tengo ganas de volver a liarme entre las sábanas.

Odio esta sensación de callejón sin salida. Odio volver a escuchar esa voz que me pide que me adapte, que ceda, porque sólo así será fácil, sólo así la contradicción dejará de perseguirme. 



Odio volver al tiempo de los relojes  





lunes, 23 de enero de 2012

Los pasos...


Hay tantas cosas ahí que nos pueden salvar en cualquier momento...imperceptibles, diminutas, tan pequeñas que a veces ni vemos, ni contamos con ellas.
Pero ahí están, ahí están. Para aparecer en momentos precisos. Recordándote quien eres, abrazándote en la fragilidad de los días que pasan y pasan.

De nuevo olvidé de dónde vengo y cómo he llegado hasta aquí. Pero ya no. Hoy he podido ver los caminos que elegí dejar atrás, las nadas que supe llenar forzando amaneceres. Hasta que una mañana el sol brilla diferente. Porque a costa de perder, de aceptar despedidas y soltar lastres, una acaba por aprender a vivir. Después de sobrevivirse. 

Y creo que voy a repetirme esto hasta la saciedad, para volver a sentir que ya pasé página hace tiempo y que lo que sucede ahora tiene que ver con temores que ya logré vencer, con un pasado que dejo que vuelva y vuelva para que todo parezca más difícil. Que el miedo es a una misma.

Simplemente ahora llega el momento de atarme los cordones y desgastar las suelas, de trazar nuevos caminos moviendo un pie, y luego otro, y luego otro, que las de siempre ahí van a seguir si la suerte no acompaña, para poder andar sobre suelos arcillosos. Que ya no es tiempo para caparazones.



Simplemente un paso...y luego otro...y otro...





jueves, 19 de enero de 2012

Temores y dramatismos


Hoy hasta las palabras cuestan. Y exactamente no sé porqué. Como si un ataque de tristeza hubiera venido así, de repente, para ponerle aún más peso a las cosas. Como si un desconsuelo latente ahora se atreviera, aprovechando las horas bajas.

Y pienso que ya es jueves. Y que enero casi ha pasado ya. Y que yo sigo atrapada en un sinsentido que no me atrevo a compartir con casi nadie, pasando los días esperando no sé bien a qué. Esperando y esperando. 

Y me veo aquí sentada en un taburete incómodo, rodeada de piezas de mil colores pero viéndolo todo de un gris que abruma. Con miedo de haberme acostumbrado a esta soledad de tiempos infinitos. Miedo de haber querido tanto, que ahora ya no pueda más. Miedo a heridas que no cicatrizan durante toda una vida. 
Miedo a que este miedo no se canse y no acabe de irse. 




Hay rostros que reconozco, eso me salva. Hay rostros donde me miro y me veo. Hay ojos oscuros como los míos, que comprenden en silencio, donde se puede leer. Y labios de cerezas y mejillas cortadas. Y en estos espejos a menudo me consuelo. Porqué entienden de intensidades, de gargantas anudadas, de sentir desmesurado. 

Y a esto me agarro para intentar, una vez más, darle la vuelta a las cosas. Sabiendo que sola no puedo.  
Y me aviso: la peineta me la quito mañana. O el otro... 






martes, 17 de enero de 2012

Sin-sentidos

Dejar de pensar. Hoy se va a tratar de eso, tras una larga deliberación llego a esta conclusión espléndida.
Centrarme en cosas banales, ser superficial y, sí, aparentar normalidad...que aquí no pasa nada.

Y, por un día, dejar pasar las horas sin más, sin intentar entender, como si no me fuera la vida a cada paso...sin vivir como acostumbro.
Y reírme de mi misma y darme una tregua; y hablar sin pensar lo que digo y hasta la absurdidad; y callar sin silencios de dudas y miedos. 
Y engañarme para despistarme. Mentirme.


Mentirme para no sentir.
Mentirme hasta el sinsentido de creer mis propios engaños.




jueves, 12 de enero de 2012

Caminos de vuelta


Hoy me encontré un poquito, que andaba despistada. Y, volviendo a casa, sentí ese olor a leña quemada, a fuego que calienta, a pesar de vivir en un barrio de ciudad. 
Supongo que se escapa de alguna de las casitas antiguas que sobreviven por estas calles estrechas. Y, como ya es habitual, intenté encontrar sin lograrlo de dónde nacía el aroma, cual era el foco del calor, por si me invitaran a pasar.

Decía que hoy me encontré un poquito. Pero un poco antes lo que me encontré fue un libro de Pedro Salinas, que alguien me regaló dejándolo en un cruce de calles. Y empecé a leer poemas, que los caminos de vuelta se saben de memoria. No te detengas nunca cuando quieras buscarme. Si ves muros de agua, anchos fosos de aire, setos de piedra o tiempo, guardia de voces, pasa. Y leí aunque más de una vez haya dicho que odio la poesía, o que sólo soy capaz cuando puedo entenderla.
Y hoy entendí. Y me encontré un poco más.

Pero, vuelvo, trataba de contar que me encontré. Y pensé en las plazas y en los barrios, en como vamos confiando poco a poco, en todas las que aguantamos el frío cada miércoles a las siete y media. 
Y me encontré porque he vuelto a sentir las ganas.
Y me he odiado por creerlas perdidas, por aborrecer lo extraordinario, por normalizar lo que no me atreví ni a soñar, por querer adormecer mis deseos.  


Y he gritado hacia dentro un gracias por darme alientos.
Gracias por las lumbres que calientan eneros.




martes, 10 de enero de 2012

Venimos de lejos...


Venimos de tiempos en que saltábamos cercos y rompíamos vallados.
De hecho, siempre lo hicimos. Siempre aprendimos de otras, las de antes, para poder ser ahora e imaginar mañanas de campos sin labrar. Aunque no tengamos marcas de esas batallas en el cuerpo ni hayamos oído esos gritos, aunque las ansias quizás sean distintas y las palabras tomen nuevos significados.
Los mismos enemigos; puños cerrados igual.  

Y hoy nos cuentan viejas y niños y los oídos son más sordos que nunca. Porque nosotras ya sabemos cómo. Nosotras, sin ellas. Nosotras, sin vosotras. Nosotras. Y la soberbia desdeña. Y hablamos de mundos infinitos que ni nos creemos, incapaces de vivir de las maneras que predicamos. Sin amar diferente, simplemente diciendo que lo hacemos. Siendo escaparates de sueños que mueren por la boca. 

Pero yo quiero ser niña y viejo, aunque no tenga edad. Para empaparme de pasados que muestran caminos y luces. Para equivocarme tantas veces que, de ahí, pueda nacer alguna verdad.
Y aprender algo que no conocía antes, que no enseñan las letras ni los números.
Y gritar miedos que, al compartirse, alivien soledades.

Quiero saber tu nombre y recordarlo y repetirlo, para reconocernos en tantas miradas de ojos brillantes que dejemos de tener la sensación de morir a cada paso. Y, sin ser iguales -porque no lo somos- pensar en posibles que, aunque lejanos, podamos intuir a la vuelta de esquinas aún desconocidas.
Quiero que los abrazos alimenten o que, al menos, sepan a algo.
Quiero escuchar como me llamo y reconocerme en tu voz antigua o nueva.
Quiero derrumbar muros sin ser tú, siendo nosotras. Pero contigo. O sin mi. 



Venimos de hace tanto que, a veces, no recordamos de dónde...
ni osamos imaginarlo...





sábado, 7 de enero de 2012

La distància necessària


La intuició de conèixer algú que gairebé no sé qui és. M'agrada sentir-ho, tot i que potser m'equivoqui. Perquè poques vegades ens comprenem en les paraules perquè, sovint, els significats no ens són comuns. I ens confonem, elaborem imatges de qui tenim al davant, l'interpretem a la nostra manera. Miratges...
I quan no hi ets t'invento, ho faig amb tothom. I et reconec des de fa temps. Tot i que gairebé no sé qui ets.   

El temps -aquest enemic del que sovint no disposo- acostuma a posar les coses al seu lloc, que no al meu. Però jo no sé si vull esperar aquest transcórrer d'hores incertes, de dies que se succeeixen repetint-se. Perquè en qualsevol moment se m'escaparà i allò que vull callar brollarà inesperadament, sense control i segurament sense paraules, amb un gest despistat. I la contenció no haurà servit de res. Potser millor així... 

I avui, dissabte que sembla diumenge, puc veure les coses d'una altra manera, no sé ben bé com ho he aconseguit ni si és veritat que ho hagi fet, potser ha estat aquest dia que s'ha despertat lluminós enganyant els meus sentits.
I em sembla que començo a sentir la calma necessària, i em recomposo usant aquells pedaços de mi que val la pena recuperar, els que em fan mal els abandonaré pels racons esperant que es cobreixin de borrissols. 
I, així, tornaré als meus textos, als meus pinzells descuidats, a les meves caixes de colors i vernissos. Per saber-me de nou. Recuperaré les meves agulles maldestres i les meves teles de flors petites. Els botons de mil maneres. Per mi, no per ningú altre. I les converses amb les companyes de pis, la meva familia petita que no deixa que alci gaire el vol per por a veure'm caure de nou, com tantes vegades abans. 



Simplement he de deixar d'il·lusionar-me, deixar d'esperar res. Simplement. I només dir-ho ja sé que em menteixo, que no podrà ser. Perquè no puc desesperar, perquè estic feta de somnis i no vull fer desaparèixer les ganes i el desig. Jo sóc així, de somriure davant la boira espessa. Solament he de tornar-ho a saber. 
Només intentaré que el dramatisme desmesurat desaparegui. Per prendre'm les coses amb la paciència de les agulles del rellotge, acostumant-me a un temps que odio però que, ara mateix, em mostra el ritme de la distància obligatòria. 
Tinc por però no sóc covarda, només necessito donar-me l'espai per tornar a mi. 
I, després, ja veurem...





viernes, 6 de enero de 2012

Re-volviendo...

Hoy vuelvo a volver. Y dejo que el vendaval me lleve hasta mi casa, me guíe hasta la habitación y me meta en la cama. Yo me dejo llevar, como si fuera una de esas hojas que caen de los árboles y que hoy tienen una vida agitada por el viento. Y me cubro con el edredón tapándome la cabeza, para no existir. 
Sucedió otra vez. Vuelvo a volver. Y, de nuevo, construí el castillo tan grande que ahora el derrumbe me deja sin palabras que puedan contar. Sin entender nada. 

He intentado darle prisa al tiempo, acelerarlo, forzar las manillas. He intentado contarte, pero me sabe a poco. Y ahora ya no sé leer, porque las letras que antes tenían sentido me las inventé. No sé, no sé. No sé. 

Qué hacer para no pensar tanto, para no imaginar. Qué hacer para que no duelan las caídas. Qué hacer para hablar sin estar segura de lo que se dice, para nombrar aquello que no es para nadie, para gritar sinsentidos que sólo están en mi cabeza. Qué hacer para decir sin asustarme. 

Hoy vuelvo a volver. Y no vivo para mi, vivo por y para otros. 






miércoles, 4 de enero de 2012

Empezares...

Hoy mi habitación parece otra, no sólo porque haya cambiando algunos muebles y ordenado aquello que es ingobernable. Y me tumbo y miro los nuevos rincones, nuevos colores, más libros, más espacio imaginado que real.

Para este año que empieza deseé más de una cosa. Y acabamos quemando papeles, que se ve que así se cumplen los deseos, o eso nos inventamos en una especie de ritual improvisado en el momento. 

Pero no caí en pedir menos miedo. Y, será por eso, ahí sigue, como diciéndome que no me olvide de él porque le encanta tejer ovillos en pechos ajenos, enmarañar hasta las entrañas. Y más que nunca no me salen las palabras. Y te miro pero evito tus ojos. Y me quedaría pero me voy corriendo en sentido opuesto. Y ya me duele.

Mi peor enemiga soy yo misma. Pero ya no. 
Porque mañana puede ser un buen día para empezar a decir y no sólo quedarme ahí. Ir un poquito más allá.  
Porque mañana, que ya es hoy, puede ser un buen día...
y ya basta de negarme y sentir que mis sentidos se adormecen...